La Ciudad de México conserva un puñado de cantinas que llevan más de un siglo sirviendo. Después del cierre de El Nivel en 2008 —que tenía la licencia número 1 desde 1857—, el título de más antigua todavía en operación se disputa entre La Peninsular (1872) y El Gallo de Oro (1874). Ambas siguen abiertas en el Centro Histórico.
El Gallo de Oro, en la esquina de Venustiano Carranza y Bolívar, mantiene el mismo local desde 1874. Su menú ejecutivo diario ronda los 180 pesos y el cabrito es una de las especialidades que no ha salido de la carta. La botana llega con la bebida y el ambiente sigue siendo el de una cantina de oficinistas y parroquianos de toda la vida.
La Ópera, en 5 de Mayo y Filomeno Mata, abrió como pastelería a finales del siglo XIX y se consolidó como cantina hacia 1895. Su decoración porfiriana y el agujero en el techo atribuido a un disparo de Pancho Villa la convirtieron en leyenda. Aquí la mesa es más formal: el servicio es de restaurante-cantina y el público mezcla turistas con chilangos que buscan el ritual.
Para quien prioriza la comida, El Sella, en la colonia Doctores, se ha ganado reputación por el chamorro que se deshace, el chorizo español en sidra y el pulpo. No es la más antigua, pero es de las que llenan a la hora de la comida. La espera en hora pico es frecuente.
El Bosque, en San Miguel Chapultepec, lleva décadas como referencia de cantina de barrio con buena mesa. El pescado a la sal, los tacos de filete y la milanesa son de los pedidos recurrentes. El ambiente conserva el cubilete, la conversación y la botana generosa. Es el tipo de lugar donde el tiempo se mide en rondas, no en minutos.
Villa de Sarria, en la Roma Sur, ofrece otra variante: botana y guisos de casa que llegan sin costo extra con la bebida. Fundada en 1932, mantiene el estilo de cantina de toda la vida con cuadros, fotografías y precios accesibles. Es una opción sólida cuando se busca comer bien sin complicar la cuenta.
La regla práctica es sencilla. Si buscas historia pura, empieza por El Gallo de Oro o La Peninsular. Si quieres mesa más elaborada, El Sella o El Bosque. Si prefieres el ritual de la botana gratis y el ambiente de barrio, Villa de Sarria. En todas conviene llegar temprano o con tiempo: las mejores mesas se ocupan rápido.
¿Cuál de estas cinco sería la primera parada de tu próxima tarde de cantina? Esa es la pregunta que se responde solo entrando.
Juan Pablo Ojeda

